Entre las muchas actividades que el venerable
emprendió como párroco, la formación de una verdadera y propia escuela de
catecismo fue quizá, sin dejar otras iniciativas, la más exitosa y original.
Convencido que el futuro de la Iglesia residía en los
jóvenes, él se da cuenta enseguida que la enseñanza de la religión era
potenciada a través de la formación un grupo de enseñantes competentes y
apasionados.
No pasó mucho sin que todos conocieran esta iniciativa; él dirigió
siempre esta escuela y la amó como nave de mando de su parroquia.
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| El grupo de las catequistas enseñantes, elogio de la diócesis de Alba, al que el cán. Chiesa cuidó asiduamente. |
Dicha escuela consistía principalmente en la enseñanza
de la doctrina como ya se dijo; analizaba en profundidad y comprendía diversas
lecciones de método catequístico y de psicología, para un mejor acercamiento a
los jóvenes. La explicación de cada lección era organizada con atención en 7
puntos. El maestro los explicaba uno a la vez, las aprendices tomaban apuntes
de su viva voz. La siguiente lección era una ocasión para ampliar y aprender
mejor el contenido de la anterior.












