Compuesta de sólo de cinco breves frases, llega a expresar cuál debería ser el comportamiento interior en el confrontarse con el misterio que es Dios, misterio en el cual “...vivimos, nos movemos y existimos...” (Hch 17, 28).
Siendo una oración corta, tiene muchísima densidad de significados y de solicitudes en la vida interior. Normalmente en la Familia Paulina se recita y vive al inicio de las adoraciones eucarísticas, como ayuda personal para hacernos conscientes de que Dios es cercano, de que está presente en medio a todos.
Puede todavía, ser utilizada como medio, en cada momento que se desea alcanzar una pernotada comunión con el Maestro divino, quizá en los momentos de contemplación de las grandes realidades de la vida (por ejemplo, para prepararse a la lectura del Evangelio o antes de un buen examen de conciencia).